agosto 16, 2006

 

Al fin sola

Todos los hombres

me han deseado

lo mejor

con otro.

Miro desde la barrera

el abanico entrecerrado de sus barajas,

distingo poca cosa:

la borrosa silueta de un rey, oculta

la vana multiplicidad del cinco de corazones.

Ningún arcano mayor,

ninguna apuesta.

Vendo esta Casa VII,

se la vendo por dos reales.

Mi suerte no está en juego.

Está sólo escrita, echada

a llorar,

cumpliéndose.

Lo que ha de ser

ya Hera.

Entonces, recuerdo la sentencia de mi madre:

hija, las desgracias no vienen solas,

las precede un hombre

Corina Michelena

En Honra de sierva


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