julio 26, 2006

 

La mentira

La mentira tiene un tablero en la sombra

para anotar sus malos días.

No hay mayor peligro que su música:

esa guitarra rápida. Ese fósforo.

La mentira es el episodio

que me arrancó del resplandor.

No usa sombrero la mentira.

Tiene la cara pulcra, la muy perra.

Orina en las escaleras sin ser vista.

Sin importarle conserjes ni otros hábitos del día.

La mentira se acumula en la cédula como óxido.

Tiene perfil de puta y voz de monaguillo.

Decide irse a destiempo.

Y sin importarle nada, patea esta historia.

La mentira es un cielo brusco en mis ojos.

Escupo. Vomito. Ensayo hemorragias.

Pero no hay caso.

Su reino es de este mundo.

Leonardo Padrón

El amor tóxico


julio 25, 2006

 

Sobre la literatura light

La literatura light ha existido siempre. Al lado de Dickens, Balzac o Flaubert hubo otros escritores que hacían novelas dulzonas e irreales. Cada generación ha producido estos escritores, cuando yo era joven estaban A. J. Cronin, Vicky Baum y Lin Yu Tang, por ejemplo, quienes se dedicaban a lo suyo con una profesionalidad notable y no sentían competencia de Thomas Mann, de Virginia Wolf o de William Faulkner. Ni se molestaban porque no se hicieran tesis sobre ellos, ni por quedar fuera de las historias de la literatura. Tenían su público (ése que ahora ve telenovelas o lee la actual literatura light) ganaban mucho dinero y no creaban ningún conflicto en el mundo literario, los límites estaban muy claramente definidos y ningún escritor verdadero los hubiera insultado porque hubiera sido una villanía. Cada quien estaba en su feudo. Pero ahora las editoriales han hecho una combinación macabra: convertir a escritores que podrían ser serios, escritores de verdad, en escritores light. Y, en el camino contrario, algunos escritores —y escritoras- que nunca hubieran tenido ningún prestigio porque son muy malos y sólo se manejan en los límites de lo light, son impuestos como si fueran Lampedusa o Stendhal y hablan de James Joyce como de un consanguíneo. No mencionaré a ninguno por no incurrir en villanía con esas pobres almas enfermas de vanidad.
Sergio Pitol en entrevista de Milagros Socorro publicada en Analitica.com


 

Sobre la redacción y la escritura

La redacción tiende a la claridad, está sujeta a reglas fijas y se utiliza para describir un asunto. Un tratado o un manual tienen que estar bien redactados porque se necesita que todo se entienda claramente. La escritura, en cambio, no está sujeta a ninguna regla (excepto las de ortografía) y se alimenta de la parte irracional del individuo. El periodismo debe estar bien redactado; un texto literario no puede no estar bien redactado, pero además debe tener una gran pasión interna. La redacción es siempre visible, la escritura tiene varias capas, tiene un subsuelo y mientras vas leyendo el lenguaje te va sugiriendo otras lecturas. La redacción apunta al orden y la escritura a la locura.
Sergio Pitol en entrevista de Milagros Socorro publicada en Analitica.com


julio 24, 2006

 

El cuarto de atrás (fragmento)

Como un desván del cerebro, una especie de recinto lleno de trastos borrosos separado de las antesalas más limpias y ordenadas de la mente por una cortina que sólo se recorre de vez en cuando.
(...)
¡Oh!, lo comprendí todo; comprendí a Pablo, comprendí a Mozart, oí en alguna parte detrás de mí a su risa terrible; sabía que estaban en mi bolsillo todas las cien mil figuras del juego de la vida: aniquilado, barruntaba su significación; tenía el propósito de empezar otra vez el juego, de gustar sus tormentos otra vez, de estremecerme de nuevo y recorrer una y muchas veces más el infierno de mi interior.
Carmen Martín Gaite



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